Escuela infantil Mundo de Sol
Escuela infantil Mundo de Sol


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Ciudad de Buenos Aires Argentina
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“LA IMPORTANCIA DE LAS ESCUELAS INFANTILES Y LA EDUCACIÓN EN LOS PRIMEROS AÑOS DE VIDA”

El proceso educativo de una persona se inicia en el mismo momento de su nacimiento, y continúa a lo largo de toda su vida. En los primeros años, la creación de un clima de amor y respeto es la base sobre la que debe asentarse la personalidad del niño.

La familia tiene la obligación de fomentar dicho clima, pero, a medida que el niño crece, es evidente la conveniencia de que el niño se incorpore a un centro educativo, en donde pueda desarrollar, de forma más amplia, sus capacidades personales.

Corresponde a cada familia decidir el momento idóneo para que se produzca esta incorporación, que suele determinarse según las circunstancias socioeconómicas, culturales, ambientales, afectivas, etc.

Esta primera etapa de la vida es fundamental en el desarrollo, pues de ella va a depender la evolución posterior.

La Escuela Infantil

La Escuela Infantil no es un sustitutivo de la familia, sino el complemento adecuado para el desarrollo completo del niño en estos primeros años de su vida.

Facilita al niño la posibilidad de establecer nuevas relaciones, dentro de un universo rico en estímulos, que benefician tanto su desarrollo psicológico como su proceso de socialización.

Es importante que este entorno se estructure en función de todas las necesidades evolutivas del niño, no sólo las físicas sino también las fundamentales en el desarrollo de su personalidad: autonomía, equilibrio emocional, seguridad, comunicación, entre otros.

Proceso de Socialización

La Escuela Infantil ofrece al niño la posibilidad de relacionarse con otros de su misma edad (y de edades diferentes) y con adultos que no son sus propios padres, lo cual fomenta su capacidad de integración social.

Si el niño llega a sentirse libre dentro de un grupo que le da seguridad, estamos potenciando su autonomía futura y su socialización.

Escuela Infantil y Familia

Conviene resaltar la importancia entre la Escuela Infantil y la familia. El niño regresa a casa aportando experiencias que ha vivido fuera del ámbito familiar, que pueden entrar en contradicción con las normas por las que se rige su propio hogar. Esta hipotética situación crea una dinámica de replanteamiento de actitudes, hábitos y valores, que debe servir para enriquecer la vida familiar cotidiana. La Escuela Infantil favorece un clima de diálogo, en el que se produce un rico intercambio de experiencias y opiniones. Ello convierte la educación del niño en un proceso vivo, en el que Escuela y familia buscan, conjuntamente, pautas de conducta que favorezcan el pleno desarrollo del niño. Por otra parte, la Escuela Infantil fomenta la interrelación entre las familias. Esta relación debe potenciar una mayor información de todo lo referente a la educación de los hijos, un avance común de todo el grupo y una ampliación del círculo de intereses del niño. Instituto Infantil Mundo del Sol

 

Necesidades del Niño

La primera infancia es una de las etapas más ricas de la evolución del niño.

Durante los primeros meses de la vida del niño se producen las experiencias que, más tarde, configurarán la personalidad del hombre adulto.

Aunque todos los niños son diferentes, hay una serie de características, necesidades y elementos de la evolución que son comunes.

Las adquisiciones motoras, intelectuales y emocionales forman, entrelazándose, un todo global, donde la afectividad es el sentimiento clave del proceso madurativo.

La necesidad de afecto y comunicación (adulto-niño y niño-niño) es imprescindible para el desarrollo.

Para que el niño crezca, necesita sentirse seguro afectivamente.

El adulto, por tanto, debe proporcionarle esta seguridad, a partir de la cual el niño podrá progresar en todos los aspectos.

La necesidad de comunicación se introduce a nivel de gestos (tono), sensaciones (risa-llanto, etc.), y su relación con el medio se manifiesta de forma pasivo-receptiva.

Conviene resaltar mucho este aspecto en las Escuelas Infantiles, porque allí la relación individual se produce de forma continua.

La comunicación es fundamental y necesaria, y se debe fomentar en los momentos oportunos, lo que hace que la observación constante del niño sea la clave de una buena comunicación.

La Función de la Escuela Infantil

Cada vez se necesitan más Escuelas Infantiles donde las familias puedan enviar a sus hijos pequeños un mínimo de horas al día.

Pero debe tratarse de verdaderas Escuelas, no simples “Guarderías”, que faciliten el intercambio de una serie de posibilidades enriquecedoras para el bebé y para la propia relación familiar.

La Escuela Infantil debe ser un medio educativo satisfactorio, consciente de la importancia de su trabajo (con personal preparado), y que contribuya a asegurar al niño, desde los primeros días de asistencia a la institución, los fundamentos de una personalidad sana y feliz.

Todos los niños tienen necesidades, ritmos y posibilidades diferentes, por lo que la adaptación del educador a cada niño es fundamental para un buen desarrollo psicofisico.

En la Escuela Infantil, el niño puede adquirir, desde los primeros meses de vida, las bases adecuadas para lograr una personalidad sana y feliz, sustentada, por un entorno familiar que favorezca su desarrollo.

La temprana socialización del niño puede ser un elemento positivo para su buen desarrollo psicofísico, siempre que se garanticen desde la Escuela las condiciones necesarias que posibiliten una atención más individualizada.

Objetivos Pedagógicos

Conocer las necesidades del niño, para proporcionarle el bienestar físico y psíquico.

Lograr una buena adaptación e integración del niño.

Desarrollar una cierta autonomía, siempre dentro de las posibilidades de la edad (con su cuerpo, manejo de objetos, etc.).

Ser punto de referencia para el niño. Marcarle los límites, darle cariño y seguridad.

Contribuir al desarrollo de la personalidad.

Conseguir la madurez psicofisica y motriz adecuada en todas las facetas del desarrollo del niño.

Desarrollar las diferentes áreas educativas:

Educación sensorial. Fomentar las posibles percepciones visuales, auditivas, táctiles y todo lo referente a «recepción de estímulos» por parte del niño, ayudándole a canalizar las sensaciones percibidas.

Educación del lenguaje. Primero, por medio de gestos y actitudes; después, con la introducción, por parte del adulto, del lenguaje verbal (vocalizaciones, cantar, hablarle mucho al bebé). Posteriormente, hay que pasar de las primeras vocalizaciones a la palabra correcta y con sentido «papá», «mamá», para culminar este período en la palabra- frase.

Educación motriz. La psicomotricidad es fundamental en esta edad temprana. Se debe estimular al niño para alcanzar los siguientes aspectos:

Desarrollo postural. Desde el mantenimiento de la cabeza, reptación y gateo, hasta la consecución de la marcha y su perfeccionamiento paulatino.

Desarrollo de la prensión. Desde la prensión palmar, con extensión total del brazo, hasta la consecución de la «pinza». Es importante fomentar el empleo de las manos como instrumento, manejo de objetos y creatividad. En resumen, hay que estimular el conocimiento y manejo de su cuerpo, dentro de sus posibilidades.

Educación social y de los hábitos. Hay que vigilar las relaciones personales del niño con el adulto y con los otros niños, enseñándole el respeto y la solidaridad hacia los demás. Controlar sus hábitos de autonomía personal y de convivencia social.

“La persona humana es un ser complejo, que determina su futura personalidad y comportamiento a través de las vivencias que percibe cuando es niño.”


“IMPORTANCIA DEL PERÍODO DE ADAPTACIÓN”

En el período de adaptación se vive un conflicto de separación que necesita ser elaborado construyendo una nueva pertenencia. Como transcurre en una institución educativa, se debe abordar con una propuesta didáctica.

Decíamos…

”es un conflicto de separación”: pensar, desear el período de adaptación como algo plácido, tranquilo, sería negar las ambivalencias que surgen ante la separación del niño y su familia, porque significa dejar algo para tener más, propio de lo que significa crecer.

“necesita ser elaborado”: no se supera por arte de magia, lleva un tiempo en el cual muchas cosas se modifican, hay que dejar de ser un niño sólo hijo para convertirse en hijo, compañero, alumno. Esta conversión se produce construyendo una nueva identidad, vinculándose con otros.

El tiempo de adaptación varía de acuerdo a cada niño, ya que no todos los niños son iguales. Tampoco todos los padres son iguales, hay papás que no han dejado nunca a sus hijos con otra persona, y papás que están acostumbrados a hacerlo, papás que necesitan tiempo para conocer y confiar, que tienen dudas… Por eso, es importante que los padres puedan sentirse seguros, porque eso es lo que le transmiten a su hijo.

La adaptación es un proceso que no es exclusivo del niño, también se adaptará la familia y las docentes. En este proceso intervienen varios factores: individuales, familiares, escolares, sociales.

Durante el período de adaptación, la familia y la escuela comienzan a interactuar, a conocerse, a dar y recibir. Es un encuentro de ajustes y desajustes, de mutuo conocimiento, de incorporación de nuevas normas, con otras personas, otros espacios, otros límites.

En el período de adaptación nos basamos en un objetivo primordial: la creación de nuevos vínculos.

Los vínculos se construyen activamente, podemos estar mucho tiempo con otras personas y esa permanencia no asegura que nos hemos relacionado mutuamente. Por eso, propondremos actividades que permitan construir vínculos interpersonales y con el ámbito escolar.

Cada actividad tiene que ser tan movilizadora que sus participantes no la olviden. Cuando el niño se siente seguro en el nuevo ámbito y “está adaptado”, se reconoce como miembro de un grupo, entiende de qué se tratan las rutinas y puede tener un buen vínculo con pares y docentes.

La adaptación genera mucho compromiso…de todas las partes, compromiso a relacionarse con el otro, respetando sus individualidades y el vínculo que los une.


“EL JUEGO EN EL DESARROLLO INFANTIL”

El juego es raíz y esencia de la cultura humana, por eso podemos asegurar que el juego es esencial para que el desarrollo infantil se despliegue con toda su potencialidad.

La actividad lúdica está presente desde el primer día de vida en el vínculo hijo – madre – padre y dicha actividad se va complejizando y permitiendo el avance del desarrollo infantil de manera armónica y sólida.

Hay distintos tipos de juego que el niño prefiere según su etapa evolutiva, pero lo fundamental en todas las edades es el “permiso de jugar”. Parece algo obvio pero no lo es, ya que se observa una disminución alarmante de la actividad lúdica en los diferentes ámbitos donde comúnmente nuestra infancia se desarrolla.

El juego es la única actividad que permite simultáneamente el desarrollo de los valores humanos como la solidaridad, la tolerancia, el respeto por el otro, los vínculos afectivos. Padres y docentes tenemos el poder de favorecer espacios estimulantes, creando lugares y tiempos para el juego.

Cuando un niño juega en tiempos y espacios estimulantes, permitidos y contenidos por el adulto, entra en un espacio imaginario que le posibilita desprenderse por momentos de lo que le preocupa para tener la experiencia de crear desde su fantasía y realidad.

Al jugar el niño expresa sus intereses y motivaciones, es la fuente de aprendizaje que estimula la acción, reflexión, experimentación y expresión de sus múltiples lenguajes. El juego es la actividad que les permite investigar y conocer el mundo que los rodea, los objetos, las personas, los animales, las plantas e incluso sus propias posibilidades y limitaciones. Es el instrumento que le permite al niño estructurar y comprender progresivamente el mundo exterior.

La inseguridad quitó la posibilidad del juego en el barrio, en los hogares es escaso el tiempo para el encuentro lúdico en familia, la computadora y la TV se han convertido en actividades predominantes en la niñez …

Actuemos como adultos facilitadores de “espacios de juego” para posibilitar el desarrollo de seres humanos libres y completos.

La clave es el “permiso de jugar”…acompañemos a nuestros hijos disfrutando nosotros también de este momento único e irremplazable con alegría, entrega y confianza.


“CONTROL DE ESFÍNTERES”


El control de esfínteres depende de un sistema anátomo fisiológico que únicamente tras un período de maduración podrá funcionar y cuya utilización dependerá de normas culturales.

Existen algunas condiciones que debe reunir el niño y su entorno para poder iniciar el proceso del control de esfínteres:

 Contar con un lenguaje mínimo que le permita comunicar sus necesidades, entender lo que le dicen o piden

 El aparato muscular desarrollado, de manera de sentir el control de su cuerpo.

 Es importante que este momento no coincida con otras exigencias o cambios para el niño: mudanzas, divorcio, nacimiento de un hermano, etc.

 Deben haber superado pautas de comportamiento de la etapa oral, o sea, no usar mamadera, chupete, etc.

 Debe hacerse en forma progresiva y no con una modalidad impuesta.

Siempre es conveniente esperar a que el niño tenga noción de qué se espera de él y esté listo para hacerlo, ya que de lo contrario el intento puede ser contraproducente.

Entre los 12 y 18 meses puede aparecer el “primer signo de control voluntario”: reconoce que se ha orinado y lo manifiesta señalándolo.

Entre los 18 y 24 meses se puede dar el “segundo signo de control voluntario”: avisa cuando está orinando.

A partir de los 2 años se da el “tercer signo de control voluntario”: avisa antes de orinar.

El aprendizaje del control de esfínteres tiene varias etapas:

El niño es capaz de percibir que ha hecho pis o caca y es capaz de transmitirlo.

Percibe y transmite en el momento previo, pero es incapaz de retener.

Puede retener y decidir la expulsión. Puede interrumpir y recomenzar.

Antes de comenzar el control, es importante preparar a los niños para el proceso a través de charlas sobre el tema, recalcándoles las diferencias entre ellos y los bebés, ya que ellos ya pueden hablar, caminar y pueden aprender a hacer sus necesidades en el baño como los “grandes”. Puede ser útil ir a comprar con ellos la nueva ropa interior (bombachas o calzoncillos) para que participen en la elección.

Hay niños que utilizan pelelas, otros adaptadores para el inodoro y otros que aceptan usar el inodoro convencional como lo hace papá y mamá. Esta decisión depende de cada nene y es importante respetarla ya que deben sentirse tranquilos y seguros.

Es fundamental expresar la satisfacción y felicitar al niño por los logros a medida que avance en el aprendizaje, de esta manera se sentirá orgulloso y lo incentivamos a continuar.

El control diurno se logra antes que el nocturno, sin embargo es importante en ambos casos mantener una conducta directa y sostenida. Hay padres que enfrentan esta situación con temor y angustia, entonces ante retrocesos vuelven a ponerles los pañales. Estas actitudes son contradictorias y causan confusión en los niños interfiriendo en el aprendizaje.

Antes de llegar a pedir con toda responsabilidad y de lograr el control, el niño pasa por una etapa de indecisión, tras la cual organiza el control pudiendo presentar episodios de regresión transitoria.

Es fundamental la comprensión, paciencia y contención de los adultos que lo rodean para acompañarlo en este aprendizaje que marcará su transición de bebé a niño.

 

“El proceso de aprender produce alegría.
Aprender jugando y brindar modelos de vida, estimula
a los niños a crecer como personas actuando con libertad"