El juego es raíz y esencia de la cultura humana,
por eso podemos asegurar que el juego es esencial para
que el desarrollo infantil se despliegue con toda su
potencialidad.
La actividad lúdica está presente desde
el primer día de vida en el vínculo hijo
– madre – padre y dicha actividad se va
complejizando y permitiendo el avance del desarrollo
infantil de manera armónica y sólida.
Hay distintos tipos de juego que el niño prefiere
según su etapa evolutiva, pero lo fundamental
en todas las edades es el “permiso de jugar”.
Parece algo obvio pero no lo es, ya que se observa una
disminución alarmante de la actividad lúdica
en los diferentes ámbitos donde comúnmente
nuestra infancia se desarrolla.
El juego es la única actividad que permite
simultáneamente el desarrollo de los valores
humanos como la solidaridad, la tolerancia, el respeto
por el otro, los vínculos afectivos. Padres y
docentes tenemos el poder de favorecer espacios estimulantes,
creando lugares y tiempos para el juego.
Cuando un niño juega en tiempos y espacios
estimulantes, permitidos y contenidos por el adulto,
entra en un espacio imaginario que le posibilita desprenderse
por momentos de lo que le preocupa para tener la experiencia
de crear desde su fantasía y realidad.
Al jugar el niño expresa sus intereses y motivaciones,
es la fuente de aprendizaje que estimula la acción,
reflexión, experimentación y expresión
de sus múltiples lenguajes. El juego es la actividad
que les permite investigar y conocer el mundo que los
rodea, los objetos, las personas, los animales, las
plantas e incluso sus propias posibilidades y limitaciones.
Es el instrumento que le permite al niño estructurar
y comprender progresivamente el mundo exterior.
La inseguridad quitó la posibilidad del juego
en el barrio, en los hogares es escaso el tiempo para
el encuentro lúdico en familia, la computadora
y la TV se han convertido en actividades predominantes
en la niñez …
Actuemos como adultos facilitadores de “espacios
de juego” para posibilitar el desarrollo de seres
humanos libres y completos.
La clave es el “permiso de jugar”…acompañemos
a nuestros hijos disfrutando nosotros también
de este momento único e irremplazable con alegría,
entrega y confianza.